El 21 de septiembre es el día mundial por el Alzheimer. El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa y progresiva que afecta las funciones cognitivas, principalmente la memoria, el pensamiento y el comportamiento. A medida que la enfermedad avanza, las personas pierden la capacidad de realizar actividades cotidianas de manera independiente, lo que las convierte en dependientes de los cuidados de otros.
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ToggleSíntomas y Progresión
El Alzheimer se manifiesta de forma gradual y los síntomas se agravan con el tiempo. Estos síntomas suelen dividirse en tres fases:
1. Primera fase. En este primer momento de la enfermedad, se observan pequeños olvidos, como perder objetos o dificultades para recordar nombres o eventos recientes. Aunque en esta etapa la persona sigue siendo independiente, es posible notar cambios leves en su capacidad para organizarse o realizar tareas complejas.
2. Fase intermedia. La pérdida de memoria y las dificultades cognitivas son más notables. Los pacientes pueden perder la capacidad de recordar información importante, como el nombre de sus familiares o dónde viven. También experimentan desorientación en tiempo y espacio y pueden tener problemas con el lenguaje y la motricidad.
3. Fase avanzada. La persona afectada pierde la capacidad de cuidar de sí misma por completo. Requiere asistencia intensa para tareas diarias como vestirse, comer y mantener la higiene corporal .Los problemas de movilidad, la incontinencia de esfínteres y los problemas de comunicación se hacen presentes, lo que puede generar frustración, tanto para el paciente como para los cuidadores.
Cuidar al cuidador
El cuidador juega un papel fundamental en la vida de las personas con Alzheimer y con otro tipo de patologías. A medida que la enfermedad progresa, el nivel de dependencia del paciente aumenta, lo que requiere una atención constante. Ser cuidador de una persona con Alzheimer no solo implica atender las necesidades físicas, sino también abordar los aspectos emocionales y psicológicos.
Cuidado físico
– Higiene personal: resulta imprescindible mantener una rutina de aseo y vestimenta. Esto no solo incluye el baño diario, sino también el cuidado de la piel, la higiene bucal y la prevención de úlceras por presión.
– Alimentación: en las fases avanzadas de la enfermedad, la persona puede tener dificultades para comer sola, por lo que el cuidador debe supervisar las comidas o incluso alimentarlo directamente.
– Movilidad: es frecuente que se pierda fuerza y coordinación, lo que incrementa el riesgo de caídas. Ayudar con la movilidad, como levantarse de la cama o caminar con apoyo, es crucial para prevenir accidentes.
Atención emocional y psicológica
– Paciencia y comprensión: el deterioro cognitivo puede llevar al paciente a estados de confusión, agresividad o ansiedad. Es importante que el cuidador mantenga la calma, utilizando una comunicación clara y sencilla.
– Estimulación cognitiva: aunque no se puede detener la progresión del Alzheimer, actividades que estimulen el cerebro como juegos de memoria, lectura o música pueden ayudar a mantener al paciente mentalmente activo durante más tiempo.
Manejo del estrés del cuidador
Cuidar a una persona con Alzheimer puede generar un alto nivel de estrés. Los cuidadores suelen experimentar agotamiento físico y emocional debido a la demanda constante de atención. Es esencial que el cuidador también se cuide a sí mismo, recurriendo a redes de apoyo (familiares, amigos o grupos de apoyo) y solicitando ayuda profesional cuando sea necesario.
Apoyo y recursos para el cuidador
Existen varias organizaciones y recursos diseñados para apoyar a los cuidadores de personas con Alzheimer. Estos servicios incluyen:
– Grupos de apoyo: espacios donde los cuidadores pueden compartir sus experiencias, recibir asesoramiento y apoyo emocional.
– Servicios de atención domiciliaria: profesionales que brindan asistencia en el hogar para aliviar la carga del cuidador principal.
– Centros de día para mayores: ofrecen atención diurna a los pacientes, permitiendo que los cuidadores puedan disponer de tiempo libre.
El Alzheimer es una enfermedad que afecta profundamente, tanto a los pacientes, como a sus cuidadores. El rol del cuidador es vital para garantizar una calidad de vida digna a la persona afectada, a pesar de los retos físicos y emocionales que supone. Cuidar a una persona con Alzheimer requiere dedicación, paciencia y, sobre todo, el apoyo emocional y recursos que puedan aliviar la carga de esta exigente tarea.
Es fundamental que los cuidadores se informen sobre la progresión de la enfermedad y busquen estrategias y apoyo para gestionar el cuidado de la persona dependiente, preservando también su propio bienestar.
Resulta frecuente que ,cuando contemplamos el cuidado de personas con Alzheimer u otro tipo de personas dependientes, nos centremos en la atención de aspectos básicos , como la alimentación, el aseo y la movilidad. Sin embargo ,tan importantes como estos, resultan la estimulación emocional, sensorial y cognitiva . Es por ello de vital importancia que los cuidadores de personas dependientes dispongan de herramientas que les ayuden a potenciar estas áreas de cuidado . El conocimiento de estrategias para favorecer dichos aspectos va a aportar calidad a la atención de la persona dependiente y también motivación para el cuidador. La musicoterapia, el baile, los masajes relajantes, la realización de manualidades,…estimulan áreas cerebrales que es imprescindible cuidar para ralentizar el deterioro y aportar felicidad y conexión .
Si eres cuidador de una persona dependiente, ¡cuídate!
No es posible dar si estamos vacíos, no podemos aportar si estamos agotados. Hemos de evitar el sentimiento de culpabilidad cuando reconocemos que no podemos más y proveernos de recursos para recargarnos.
Haz una lista de actividades que te aporten energía: un paseo por la naturaleza, una tarde de cine con palomitas, pintar, bailar , escribir,….y busca huecos durante la semana para llevarlas a cabo.
Recarga pilas de forma regular y encontrarás bienestar emocional y energía para atender a tu persona dependiente.